Las nuevas normas de divulgación de sostenibilidad exigen que la información exista desde antes, conectada con riesgos, estrategia y finanzas. Una reflexión sobre lo que esto implica para las empresas latinoamericanas y para quienes las acompañan.
Director Comercial y Fundador
En conversaciones con clientes, aliados institucionales y colegas de empresas de distintos países de América Latina, por ejemplo en la reciente Cumbre Perú Sostenible 2026, percibo una reacción comprensible de varios ante NIIF S1 y S2: lo primero es cumplir.
Con cumplir, interpreto que lo que está detrás implica llegar a tiempo al siguiente ciclo de reporte, alcanzando como mucho a identificar brechas ante la información solicitada por los numerales de las normas NIIF S1 y S2. Para varias empresas que operan con capacidades limitadas, probablemente ese punto de partida sea su mejor esfuerzo.
Sin embargo, me pregunto: ¿estamos mirando el desafío desde el extremo correcto?
Durante años, buena parte de la información de sostenibilidad podía organizarse al final del proceso. Se recopilaban indicadores y se publicaba una memoria con una narrativa determinada. Las NIIF S1 y S2 en ningún caso eliminan ese reporte ni vuelven irrelevante a la memoria integrada. Al contrario: el propio marco de IFRS contempla que las divulgaciones de sostenibilidad puedan incorporarse en un reporte integrado. No obstante, hay algo que sí cambia, y es lo que tiene que existir detrás como sistema de información permanente en el tiempo, reflejo de una gobernanza para la sostenibilidad.
El marco de NIIF S1 y S2 supone un cambio más profundo que agregar un capítulo a la memoria, en tanto exige que la información de sostenibilidad y cambio climático permita a inversionistas y proveedores de capital comprender riesgos y oportunidades que pueden afectar las perspectivas de la empresa. Busca, además, conexiones entre esa información y los estados financieros, y pide coherencia en aspectos como entidad y periodo de reporte.
Si una empresa identifica un riesgo climático material, tarde o temprano tendrá que poder explicar dónde está ese riesgo, cómo lo mide, qué escenarios considera, qué decisiones toma y cómo podría afectar su modelo de negocio, flujos de caja, acceso a financiamiento o costo de capital. Esa información, está claro, no se fabrica ni se genera espontáneamente durante las últimas semanas de preparación de una memoria. Es un trabajo que debe existir desde mucho antes, que refleja el proceso de maduración de la organización en cómo aborda la sostenibilidad y todo lo que hizo para que la información levantada se transforme en un sistema de gestión.
Toda esta reflexión me lleva a una segunda pregunta, que quizás se ha discutido menos: ¿qué efecto tendrá esta transformación sobre la propia industria de servicios de sostenibilidad?
Hasta ahora podían convivir con fronteras relativamente claras, las consultoras que preparaban memorias, por un lado, y los especialistas técnicos en dimensionar el impacto financiero del riesgo climático por otro.
Las NIIF S1 y S2 empiezan a acercar esos mundos. No necesariamente porque una sola organización deba hacer todo; de hecho, probablemente ocurra que se necesiten articular especialistas diferentes. El desafío que veo en realidad está en la integración de esas capacidades dentro de las distintas realidades operacionales y organizacionales de cada empresa que emprenda este camino.
Lo pienso de este modo: una empresa puede contar con un buen inventario de emisiones, un modelo de riesgo físico sofisticado, una matriz de materialidad y un buen equipo de reporting, y aun así no tener un sistema de información de sostenibilidad. Lo realmente esencial es que todos esos elementos conversen con las áreas de estrategia, riesgos corporativos, operaciones y finanzas, y que la información fluya de forma estable entre áreas para no tener que reconstruirla cada año.
Desde esa perspectiva, aquellos capaces de asumir el rol de nexo articulador de capacidades serán quienes cobren creciente relevancia. El colaborador que hace jugar a todos armónicamente en contribuir con la información para este sistema de gestión.
En América Latina, muchas organizaciones sujetas a la regulación de divulgación tienen capacidades limitadas y/o están recién creando sus áreas de sostenibilidad, en un contexto donde las distintas jurisdicciones avanzan a ritmos disímiles en la adopción de los estándares NIIF. Precisamente por esto los mecanismos de proporcionalidad son necesarios para que las organizaciones reguladas se animen a experimentar y madurar sistemas de información que gestionen en forma más permanente la sostenibilidad.
Desde ImplementaSur estamos contribuyendo a esta transición, no como un nuevo mercado de reportes sino como un desafío de integración y gestión de información. Uno que exige conectar conocimiento técnico sobre clima y sostenibilidad con riesgos, operaciones, estrategia, información y finanzas.
No tengo claro cuál será el modelo que terminará imponiéndose, ni tampoco creo que deba existir una única respuesta. Lo que sí es claro es que ninguna de esas capacidades funciona bien aisladamente y que, ante todo, vale la pena plantear la pregunta ahora, antes de que el cumplimiento deje de ser el principal problema.
Les dejo una nueva pregunta: ¿estamos preparando a nuestras organizaciones para solo producir un reporte, o para sostener una nueva forma de gestionar riesgos y oportunidades de sostenibilidad?