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En pleno desarrollo de un evento El Niño de alta intensidad, ¿qué tan preparados estamos?

Con todos los efectos no deseados que ya llevamos de este evento, es altamente probable que para fines de este año y comienzos del próximo se intensifique aún más. Pero tuvimos aviso: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió en mayo que la información disponible era suficiente para activar planes de prevención y respuesta frente a un evento El Niño probable.

Nicolás Sandoval
Nicolás Sandoval

Jefe de Proyecto

María Pedreros
María Pedreros

Consultora

Un nuevo fenómeno de El Niño está en desarrollo, y hay señales de que podría intensificarse. Según una noticia publicada en Nature, algunos pronósticos apuntan a que podría convertirse en el más fuerte de los últimos 150 años. Si bien su punto máximo se alcanzaría más adelante este año, ya se han disparado los casos de afectaciones por eventos meteorológicos extremos: precipitación extrema, sequía, y olas de calor sin precedentes, entre otros.

El Niño es la fase cálida de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), y está asociado a un calentamiento del océano Pacífico ecuatorial. El Niño puede alterar los patrones climáticos en buena parte del planeta y, en algunas zonas, se caracteriza por propiciar condiciones más secas o húmedas de lo habitual, lo que genera sequías en algunas zonas y eventos de precipitación extrema en otras. 

El costo de no activar planes de prevención y respuesta es visible. En 2023, una sequía asociada a El Niño provocó un cuello de botella en el Canal de Panamá que añadió hasta seis días adicionales de tránsito a los barcos que cruzaban el canal, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas proyectó que el nuevo episodio de El Niño podría empujar a 49 millones de personas adicionales a la inseguridad alimentaria aguda hacia fines de 2027, elevando a 274 millones el total de afectados en las regiones más vulnerables; América Latina y el Caribe estarían entre las zonas con mayor aumento proyectado, con más de 16 millones de personas afectadas.

Uno de los eventos El Niño con mayores impactos hasta ahora, el de 1997-98, tuvo un costo de 5,7 billones (trillions) de dólares para la economía global, según una estimación publicada en Science.

El Niño y el cambio climático

El Niño es un fenómeno natural, pero investigaciones recientes demuestran que el cambio climático podría aumentar su frecuencia e intensidad. Si bien hemos visto los efectos de El Niño en el pasado, el cambio climático podría generar eventos cada vez de mayor magnitud.

Cada episodio de El Niño es distinto al anterior. Sin embargo, gracias a que este se monitorea de forma continua, tenemos una ventana de meses de anticipación. Gestionar bien este El Niño no es un ejercicio aislado de contención de daños, sino una prueba de nuestra preparación frente a eventos extremos. Ahí reside la oportunidad: tenemos un fenómeno climático que prevemos llegar con meses de anticipación, y que puede abordarse de manera preventiva en lugar de reaccionar una vez vividas sus consecuencias. Un fenómeno que nos invita y nos reclama aprender las lecciones que este año nos está dando y adaptarnos frente a un clima cambiante.

Cada día más actores nos hacen la pregunta de cómo integrar esta información en la toma de decisiones. Los fenómenos climáticos estacionales tienen un impacto en el corto plazo de las organizaciones, y responder de forma ágil se vuelve una necesidad creciente. Aunque siga existiendo incertidumbre, adelantarnos al riesgo y aprovechar la ventana que las proyecciones nos entregan es una oportunidad para construir una sociedad, y una economía, más resiliente y preparada.